El socialismo nació como
movimiento en el seno de la sociedad industrial, aunque su filosofía posee
antecedentes muy anteriores. Se pueden rastrear ideas socialistas o comunistas
en textos tan antiguos como los escritos sobre la República de Platón (c.
427-347 a. C.), en las prácticas comunitarias de los primeros cristianos, o en
la forma de organización socioeconómica del Imperio Incaico (1438-1533).[1]
El uso del término “socialista”
con el sentido contemporáneo data de alrededor de 1830. Se usó para describir
al ala más radical de los diversos movimientos y filosofías políticas nacidos durante
los estallidos revolucionarios del siglo XVIII, que asociaban al capitalismo
naciente los malestares sociales de la época, en especial los seguidores de
Robert Owen y Henri de Saint-Simon.
Con la Ilustración, que abogaba
por el uso de la razón humana en la comprensión y el mejoramiento de la
sociedad, nació el primer socialismo moderno, industrial, que hoy en día
conocemos como socialismo clásico. Sus dos cunas fueron Francia e Inglaterra.
Aunque carecieron de un cuerpo de ideas en conjunto, contaron con importantes
pensadores y militantes que allanaron el camino para la llegada en el siglo XIX
del marxismo.
El socialismo marxista
revolucionó para siempre el modo de comprender la sociedad y la historia. A su
vez, le dio al socialismo una teoría unificadora y de espíritu racional,
“científico” en palabras del revolucionario alemán Federico Engels (1820-1895).
Desde entonces, el socialismo o comunismo cobró vigencia dentro de numerosos
partidos y organizaciones obreras de Europa.
Alcanzó su apogeo político a
inicios del siglo XX, con la Revolución Rusa de 1917 que, bajo la conducción de
Vladimir Ilych Lenin (1870-1924), puso fin para siempre a la monarquía zarista.
Así se fundó el primer país socialista (marxista-leninista) de la historia, la
Rusia soviética, que después se convirtió en la Unión de Repúblicas Soviéticas
Socialistas (URSS).
Los acontecimientos de Rusia
avivaron los sentimientos reaccionarios europeos. Así, fueron utilizados para
justificar ideológicamente el nacimiento del fascismo, un movimiento político
dictatorial y fundamentalmente anticomunista, que desencadenó la Segunda Guerra
Mundial.
Al término de la guerra a
mediados del siglo XX el mundo asumió formalmente la división en dos bloques, a
lo largo de lo que se llamó la Guerra Fría: el bloque capitalista liderado por
Estados Unidos e Inglaterra, y el bloque comunista o socialista liderado por la
URSS y China, que tras la Revolución Comunista China (1949) había instaurado su
propia visión del socialismo, el maoísmo.
Eventos semejantes ocurrieron en
otras naciones del mundo, como Vietnam (la Revolución de agosto de 1945), Corea
(tras la Guerra de Corea de 1950-1953), Cuba (la Revolución cubana de 1959),
Camboya (tras la Guerra Civil Camboyana de 1967-1975), entre otros.
Nacidos en la violencia, muchos
de estos regímenes dictatoriales estuvieron involucrados en guerras, o
cometieron genocidios y atrocidades en nombre del “hombre nuevo” o de la
sociedad utópica futura.
Definición
El socialismo es una corriente
filosófica de pensamiento económico, social y político, así como un conjunto
diverso de teorías políticas, movimientos y sistemas socioeconómicos que en
dicho pensamiento se han inspirado.
Todas ella tiene en común la
defensa de la propiedad pública, colectiva o cooperativa de los medios de
producción de la sociedad, en lugar de su propiedad en manos privadas. Además,
propone la planificación y organización de la vida social y económica desde las
fuerzas que componen al Estado.
Es decir, se trata de un conjunto
de modelos filosóficos, políticos, sociales y económicos cuyo objetivo es
construir una alternativa al capitalismo y a la acumulación de capitales y de
propiedad privada que lo caracteriza. Esto con el deseo de construir una
sociedad sin clases, percibida como una sociedad más justa y con una
distribución más justa de las riquezas.
No hay, sin embargo, una forma
única de socialismo. Ni siquiera hay un consenso respecto de qué es exactamente
o cómo se debería implementar en lo político, social o económico.
Así, existen formas más radicales
(que suelen llamarse comunistas) que proponen la abolición de la propiedad
privada, y otras en cambio que proponen la convivencia con la economía de
mercado, aunque bajo formas de control y espíritu social.
Lo mismo ocurre en lo
político con el respeto a la democracia y a la diversidad de los partidos: hay
quienes proponen la dictadura del proletariado, y otros que defienden la
socialdemocracia.
Características del socialismo
Si bien los rasgos del socialismo
pueden variar enormemente de acuerdo a su puesta en práctica, generalmente se
consideran como sus características las siguientes:
·
Debilitamiento de la propiedad privada en favor
de modelos sociales o comunitarios de propiedad, especialmente en lo referido a
los medios de producción (fábricas, por ejemplo).
·
Modelo económico que apunta a la producción, más
que en la generación y acumulación de capitales y está dirigido por el Estado.
·
Aplicación de diversos métodos de redistribución
de la riqueza, como impuestos a los que más tienen y planes de ayuda para
quienes menos tienen, para tratar de uniformar económica y socialmente a la
sociedad.
·
Empoderamiento del Estado que, dependiendo del
caso, puede o no ir en detrimento de la democracia y de los partidos políticos.
·
Fuerte intervención del Estado en los asuntos
económicos y sociales.
·
En las variantes más utópicas, plantea la
sociedad sin clases sociales: ni pobres ni ricos, sino una gran masa
trabajadora autogestionada.
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